Lecturas
MANIFIESTO INMANENTE
INSITU significa en el sitio. Actuamos desde adentro, asumiendo un compromiso con la situación. Inmanentes. Participamos del hábitat popular: de sus problemas, de sus potencias. Evitamos intervenir automáticamente, con fórmulas prefabricadas. Nuestro trabajo pone en tensión qué es la intervención social y cultiva acciones situadas. Investigamos para hurgar pistas que orienten hacia procesos fértiles; que permitan conocer mejor, para actuar mejor. Acto y pensamiento se reúnen en nuestra práctica: pensamos haciendo y haciendo pensamos.
Actuamos enredadas a ideas que nos dan fuerza. Compartimos aquellas figuras que acompañan nuestra acción e introducimos los roces teóricos, las inquietudes y los modos de actuar que ensayamos en nuestra práctica.
En INSITU interesa estar donde la gente despliega su cotidianeidad. Allí donde parece que nada pasa o que pasa poco o que lo que pasa es pequeño. Allí donde se juega el habitar, es decir, la reunión entre el ser y el estar. ¿Cómo somos donde estamos? ¿Qué podemos ser en ese estar? Habitamos la casa, el barrio, las relaciones, nuestros trabajos. Hugo Mujica nos regala estas palabras: “La casa, morada y estancia, habitada se enciende hogar, hogar que, encendido, se abre hospedaje: se ofrece apertura.” INSITU conjuga hogar y apertura. INSITU es una bienvenida.
Las casas están en los barrios y en ellos a veces se puede intuir (¿fogonear?) comunidad. Actuamos ahí junto a esos otros con los que queremos pensar. Para nosotras, el territorio no es solo un espacio físico, sino que se revela como una intensidad. Quien dice intensidad podría decir también fuerza: aquella que impone condiciones para nuestro actuar pero que también constituye un escenario maleable donde lo instituido puede ser puesto en cuestión y donde hay lugar para inventar lo inimaginable. Como nos susurra Vinciane Despret, “hacer un territorio es crear nuevos modos de atención”. Es instaurar nuevos enfoques y otros recortes. Los cuerpos definen un territorio mientras lo habitan. ¿Qué territorios se inauguran si cultivamos otras formas de habitar? Aclara ella: “¡el territorio es cualquier lugar defendido!”, y nosotras lo imaginamos alegre, expandido, en una asamblea vecinal. Son estas escenas, donde los cuerpos en contacto con espacios porosos se redefinen constantemente, que puede acontecer la comunidad. Comunidad no como quien nombra algo que es de una vez y para siempre, sino como cualidad de lo común. Se trata menos de un a priori homogéneo, identitario, armonioso, que de una construcción colectiva al calor de nuestras potencias. ¿Cómo se logra? No lo sabemos y, por eso, lo investigamos. Habrá que encontrarse cada vez, habrá que cultivar una atención que nos diga por dónde pasa la fuerza vital de quienes se encuentran en una escena particular, qué gestos, qué actos, qué procesos potencian lo que todo común tiene para ofrecer. Sostenemos que siempre podemos más si pensamos en conjunto, de forma situada y abiertas al asombro que se agazapa en cada situación. Aprendimos con Miguel Benasayag que el compromiso que no compra un mundo mejor “llave en mano” supone un actuar inmanente, es decir, no trascendente, al interior de cada situación.
No creemos en las fórmulas prefabricadas, en recetas estandarizadas capaces de opacar cualquier dejo de creatividad. Por ello evitamos intervenir en los barrios automáticamente aferradas a la confianza tácita del experto. Por el contrario, buscamos poner en tensión qué es la intervención social y cómo cultivamos intervenciones situadas. ¿Qué rol puede tener la intervención social y colectiva en el mundo del éxito individual? ¿Cómo pensamos prácticas cotidianas que transformen nuestras subjetividades? ¿Cómo deseamos una autonomía que nos acerque a otros?
Creemos que la autonomía es, en primer lugar, un gesto subjetivo aunque no individualista. Precisa de otros que no excluye. Por eso pregonamos una autonomía relacional, donde aquellos otros aparecen como figura clave para que la vida que imaginamos sea posible. Así intentamos, quienes sentimos ridícula la idea de la libertad individual, sostenernos en ideas-trinchera: nadie se salva solo y la salida es colectiva. Nos animamos a desear una libertad manca: una libertad que necesite de otras personas y otros seres, que no pueda ni quiera todo, que se inaugure en el encuentro y que no elija (porque no se puede) con qué se compromete.
Nos preguntamos: ¿qué es estar afectado? Afectación es que lo otro te toque, contestamos. No se puede pensar la intervención social escindida de la afectación, por más que los abordajes canónicos así lo digan. Nos afectamos con quienes trabajamos, lo que sucede en los barrios nos sucede a nosotras desde una premisa de paridad que toma diversas formas pero que siempre excluye a la compasión. Se trabaja, así, sabiendo que en toda situación de intercambio se ponen en juego elementos que no podemos controlar. Los afectos y la moral hablan en lenguas distintas, por eso, cuando trabajamos enlazadas a aquello que se despliega en cada situación, intentamos complejizar los afectos que a veces son intempestivos y nos nublan, pero que con acercamientos amables permiten cartografiar la época desde una lógica que nos roce y nos implique.
En INSITU creemos que la subjetividad es el cruce entre el afecto y la política, y que comunidades que se perciben a sí mismas con algo en común pueden más que vecindades desagregadas e individualistas. Nuestra apuesta es acompañar procesos donde haya espacio para lo común con la implicación subjetiva de quienes conforman una escena.
NUESTRA ESCRITURA
Libertad e intervención social. Seminario inmanente
Apunte de trabajo
La producción de escombros en la política de relocalización de la cuenca Matanza-Riachuelo, Argentina
Por Romina Olejarczyk
Variaciones sobre el afecto. Afectos y emociones en el proceso de organización consorcial en conjuntos habitacionales
Por Natalia Brutto, Belén Demoy y Camila Jorge
Paisaje popular en la vivienda social. La experiencia del conjunto habitacional Ramón Castro
Por Natalia Guerrero, Marcela Irala, Arturo Ojeda, Mariela Analía Sosa, Manuel González Ugarte y Camila Jorge
Tensiones entre espacios concebidos y espacios vividos en una política pública de construcción de viviendas
Por Romina Olejarczyk
Habitar la trinchera: potencia y política en el Trabajo Social
Por Romina Olejarczyk y Belén Demoy
Abordaje social en conjuntos habitacionales. La organización consorcial como práctica comunitaria
Por Florencia Bruno, Belén Demoy y Natalia Fainburg
Políticas de relocalización de villas: ¿qué pasa después? La organización consorcial como práctica comunitaria
Por Florencia Bruno, Belén Demoy, Natalia Fainburg y Romina Olejarczyk
¿Qué nuevos posibles habilita la organización consorcial? Aproximaciones a una experiencia comunitaria en el barrio Las Flores, Partido de Vicente López
Por Florencia Bruno, Natalia Brutto, Belén Demoy, Natalia Fainburg y Daniela Keclach
Medio ambiente y urbanizaciones populares: aportes de la Antropología en los procesos judiciales
Por María Paula Yacovino, Vanina Lekerman, Nadina Campos y María Carman
INVITAMOS A LEER
Satisfacer demandas no produce común
Entrevista a Pablo Hupert por Belén Demoy y Noelia Sierra
Un común - consorcio nada común
Por Pablo Hupert
Convocatoria en las postrimerías del contrapoder
Por Colectivo Malgré Tout / A Pesar De Todo
"La clave del cambio social no es la ideología, sino los cuerpos, los afectos y los hábitos"
Entrevista a Jon Beasley-Murray por Amador Fernández Savater